PERCEPTOR
Debemos repetir aquí algo similar a lo anterior: se ha
personalizado tanto el papel del perceptor que a fin de relativizarlo sería
preferible hablar de fase de percepción. Es inútil el trabajo de clasificar a
los perceptores por edades, sexos, ocupaciones, preferencias, sino se aclaran
algunos puntos previos. La percepción es en primer lugar una cuestión de
supervivencia. Quien percibe mal el propio entorno queda a merced de él, sea un
animal que no por advertir a su enemigo pasa a la categoría de prensa, o un
hombre que cruza una calle... Percibir es en consecuencia, la capacidad de
recoger la información necesaria para responder eficazmente al propio entorno.
Uno queda a merced... El poder otra vez. Pero dejemos pendiente el tema. La
percepción consiste esencialmente en una extracción de información de la
realidad para orientar la propia conducta. Esa extracción, esas lecturas están
condicionadas por el lugar social que ocupa. Algunos ejemplos por demás obvios:
un campesino saber leer su entorno natural, sabe reconocer tal o cual tipo de
plagas, los ruidos nocturnos, la cercanía de la lluvia... A un individuo de la
ciudad le ocurre otro tanto con direcciones, recorridos de líneas de
transporte, señalización...
Esos ejemplos muestran sólo algunos modos de percibir. Hay una
percepción cotidiana necesaria y en general suficiente, para desenvolverse en
la vida de todos los días. Constituye una lectura habitual, altamente
mecanizada en muchos casos. Un modo de percibir que no pregunta por causas, que
en general se conforma con lo inmediato. Corresponde a lo que Henri Lefebvre
denomina "débil legibilidad del entorno".
Esa primera forma de percepción es la condición de posibilidad
del éxito de los mensajes de difusión colectiva del ejercicio del poder sobre
amplios sectores de la población. Una débil legibilidad significa una débil
conciencia de las causas, de las conexiones esenciales de la realidad.
Hay mensajes, la mayoría en los medios de difusión dominantes,
elaborados con la intención reafirmar, sostener la percepción inmediata. En
situaciones de relativa estabilidad social ésta puede mantenerse sin muchos
cambios incluso de una generación a otra. Más adelante matizaremos tal
afirmación, pero hay que reconocer la existencia de aprendizaje perceptual
dentro de la familia, en la escuela, en las relaciones sociales más amplias.
Tal aprendizaje puede quedar limitado al reconocimiento de lo inmediato. Por
otra parte, la percepción tiene una historia, individual y grupal, cultura en
suma. Es difícil, de ninguno manera imposible, pasar por encima de la propia
historia.
No imposible, decimos, porque el inmediatismo no abarca toda
percepción de un individuo o de un grupo. Y no lo hace porque, en primer lugar,
el entorno social no es nunca estático; segundo, porque el inmediatismo
absoluto no existe; tercero, un individuo, sea el sector social al que pertenezca,
siempre inmediatismo. Esto se manifiesta, en los sectores populares, a través
del chiste, de la canción de la protesta, de la búsqueda de soluciones aunque
sea en propuesta magicista. La llamada "sabiduría popular" contiene
elementos que exceden el inmediatismo, debido a que surge de una confrontación
cotidiana con las limitaciones económica-políticos de la sociedad.
Percibir es, pues lo ya conocido, la familiar, la evidente o
bien intentar una lectura en profundidad. Este planteó puede conducir a un
error, sobre todo por la disyuntiva que abre la expresión "o bien".
En realidad la primera forma no se abandona (no se puede) nunca. Y la segunda
no abarca toda la relación con el entorno. Dicho en otras palabras: la
conciencia nunca avanza en bloque, puede ampliar el horizonte en una dirección
y quedarse limitada en otra. A veces se toma conciencia en sentido político, se
pasa a la acción inconcluso, las relaciones familiares autoritarias continúan
sin cambio alguno. Esto no es siempre así, por supuesto, pero vale la pena
recordar que los procesos de enriquecimiento perceptual, de toma de conciencia,
no son muchas lineales.
La percepción supone valoraciones. Muchas veces éstas influyen
directamente en el modo de percibir, aun a costa de una mala lectura, de una
distorsión del objeto en cuestión. Piénsese, por ejemplo, en el racismo.
De acuerdo con la suma, es como se actúa. La percepción no es
un acto gratuito, en ella se juega nuestra toma de posición ante la realidad,
ante los demás, y en definitiva nuestra conducta.
Pero todo lo dicho es preciso reconocer "tendencias"
perceptuales comunes a integrantes de un mismo grupo social, y a la vez la
posibilidad de lecturas alternativas a mensajes o situaciones sociales. Aún
cuando existiera una propuesta homogénea de mensajes las posibilidades de
lectura alternativa no desaparecerían porque la percepción se funda en las
relaciones cotidianas, es la historia personal y grupal, y no en un comercio
químicamente puro con los medios de difusión colectiva.
Medios y recursos: Los medios son
aquellos instrumentos a través de los cuales se hace llegar un mensaje a un
receptor. Pero eso no ocurre, en el caso de las relaciones sociales amplias,
sin una cierta cantidad y calidad de recursos, muchos de los cuales están totalmente
fuera del alcance de la gran mayoría de la población. Piénsese en el costo real
de un sistema de televisión, de un periódico, por citar solo dos ejemplos.
Esta ha llevado a una enorme concentración de medios y
recursos en mano del Estado, de agencias transnacionales y de sectores de la
empresa privada. El acceso a los mismos resulta más que limitado para las
grandes mayorías de la población. Por el actual desarrollo tecnológico en el
campo de la comunicación el proceso de concentración puede tender a aumentar.
Hay países industrializados (Japón por ejemplo) que dedican más del 20% de su
producto interno bruto al desarrollo de tecnologías de la información.
Durante más de dos décadas los grandes medios de difusión
fueron satanizados sobre la base de un argumento principal ((hubo otros
también, pero el más frecuente fue éste): los medios son unidireccionales, no
permiten el retorno, la retroalimentación: lo que significaba, que un proceso
de comunicación sin entorno, sin un contacto directo entre emisor y perceptor,
estaba viciado, abría pasa de antemano a la manipulación. No vamos aquí a
atacar la hipótesis de una mejor comunicación a través del retorno. Pero cuando
a partir de esta se pretende descalificar toda otra forma, consideramos que se
cae en un error. Porque el retorno no se asegura para nada tal comunicación.
Piénsese, por ejemplo, en una relación autoritaria padre-hijo: están frente a
frente, cada uno se convierte en emisor-perceptor, y sin embargo el segundo es
obligado a aceptar, a reiterar lo que se propone el primero. Lo importante no
es el retorno sino la realidad del mismo. Y lo importante no es si un
mensaje se difunde de manera unidireccional, sino lo que propone ese mensaje,
su referencialidad a su calidad formal.
Esto no quiere decir que apoyamos ciegamente el uso de los
grandes medios. Pero sí estamos convencidos de la posibilidad de un empleo
alternativo de los mismos.












